El tema que hemos dado hoy pertenece a la rama de historia y se titula “El tiempo histórico”.
En primer lugar debo destacar que antes de empezar con las explicaciones el profesor ha lanzado la siguiente pregunta al aire: ¿Qué es para vosotros el tiempo histórico?
Ha habido opiniones de todo tipo. En mi caso he respondido: El tiempo es una sucesión de hechos, de cambios (que como se leerá más adelante, no iba desencaminada de su definición). Mi idea del tiempo histórico iba encaminada a los cambios porque opino que es imposible estructurar el tiempo sin ver cambios, es decir, que gracias a esos cambios es cuando nos percatamos del paso del tiempo (Ejemplo claro: El día y la noche).
Con esta lluvia de ideas nos hemos percatado de algo muy interesante y que no siempre nos damos cuenta: Sabemos que es el tiempo histórico, pero nos resulta difícil de definir y concretar con palabras. Si para nosotros, que tenemos más conocimientos que nuestros futuros alumnos, es difícil definirlo, ¿Cuán difícil será para ellos?
Siempre se ha estudiado que existe un tiempo cronológico y otro histórico. Según muchos historiadores se debe enseñar el segundo, pero sin perder nunca de vista el primero, ya que es importante en todo momento saber ubicarnos en el tiempo, tener clara una estructura del tiempo cronológico.
Estoy de acuerdo con ello, ya que sin el tiempo no podríamos ubicarnos, es fundamental que el alumno aprenda y reflexione sobre ello. Y ahí es donde los profesores tenemos un papel clave.
Por otro lado, estuvimos dando un repaso sobre la evolución del concepto de tiempo a lo largo de la historia, destacando sus dos raíces occidentales:
- Aristóteles: “Es la medida del movimiento según el antes o el después”. Es decir, está hablando de cambios, concibe el tiempo como algo físico.
- Platón: “Es la imagen móvil de la eternidad”. En este caso, el tiempo es percibido como una idea, es decir, no es algo físico.
De estas dos raíces se desprendieron otros conceptos:
1. El tiempo absoluto (influenciado por el concepto de tiempo de Aristóteles): Sucesión de momentos separados por intervalos, de forma que existe un tiempo absoluto infinito en el que no existe un momento primero y un momento último.
Este concepto ha recibido muchas críticas, pero la más destacable fue la de Inmanuel Kant. Para él el tiempo absoluto era más bien una idea que tenemos antes incluso de nacer, es decir, que es una extensión interna con la que atribuimos sentido a la experiencia de las cosas.
2. El tiempo relativo: Siempre va a depender de la percepción de cada una de las personas. Lo mismo sucede con el espacio. El tiempo y el espacio siempre van juntos, no pueden vivir el uno sin el otro. Y estos pensamientos fueron compartidos por Albert Einstein, que en su momento supuso una revolución de ideas.
Finalmente, una vez repasados sus orígenes y su evolución, reflexionamos y analizamos nuevamente sobre el concepto del tiempo histórico:
“El tiempo es una magnitud física con la que medimos el transcurso entre acontecimientos o cambios. Es, por tanto, el espacio entre un cambio y otro”
Este concepto, como se puede observar, va unido a las nociones de cambio y continuidad. Son conceptos fundamentales. Del mismo modo lo son también la sincronía (que sucede al mismo tiempo, en el mismo momento) y la diacronía (lo que se estudia a lo largo del tiempo).
En conclusión, analizando todo lo dicho con anterioridad, queda claramente expuesto que el tiempo es irreversible (no se puede cambiar el pasado), inseparable del espacio (esa continuidad se debe dar en un espacio concreto), es relativo (depende en todo momento de la percepción del individuo) y tiene múltiples significados (depende del tema que se esté estudiando).
Teniendo esto presente, ¿cuál es la mejor manera de enseñar a nuestros alumnos la historia? ¿Dividir los periodos históricos y ubicarlos en el tiempo, explicando las causas, las consecuencias, quien los crea, entre otros datos? En mi opinión, no es tan sencillo como parece.
Todo depende de cómo se aborde la explicación y, en especial, de la percepción del alumno (que no todos van a verlo con los mismo ojos). Según Jean Piaget (epistemólogo, psicólogo y biólogo suizo, creador de la epistemología genética, famoso por sus aportes al estudio de la infancia y por su teoría constructivista del desarrollo de la inteligencia), los alumnos viven tres etapas de conocimiento:
1. El tiempo vivido (De 0 a 6 años): En esta etapa el niño es incapaz de comprender el proceso temporal que no ha vivido (como algo que ha ocurrido en el pasado)
2. El tiempo percibido (De 6 a 11 años): El niño comienza a comprender que existe un tiempo en el que no estaban o existían. Saben que existe un pasado, el presente y el futuro.
3. El tiempo concebido: En este periodo el adolescente ya comprende una conceptualización abstracta: lo simultaneo, el solapamiento y sus respectivas duraciones en el tiempo.
En nuestro caso, como profesores de historia y geografía, nos enfrentaríamos a alumnos en el tercer periodo del conocimiento. ¿Cómo podemos abordarlo?
El tiempo cronológico ayuda a crear los llamados esquemas mentales. Estos ayudan a su vez a la periodización de la historia. Aunque dicha periodización es más bien artificial, ya que se suele buscar un hecho muy importante en la historia para marcar un final y otro inicio, y, claramente, no todos tendrán la misma, dependerá de donde vivan, de la sociedad que les rodea, etc.
En mi opinión, siempre será más sencillo enseñar primero las características de una época y después localizarla en el tiempo, es decir, que es alumno tendrá una menor dificultad de comprensión de este modo.
Claramente, es importante que después el alumno sepa trasladar la información adquirida, debe saber construir una narración, aprender a hablar y a escribir sobre historia.
Para ellos es importante que nuestra tarea docente no sea demasiado expositiva y fomente la expresión del alumno, ya que de esta manera aprenden más. El hecho de que entre ellos aprendan, es decir, que se enseñen unos a otros, siempre va a ser más efectivo que si están escuchando durante horas a un profesor hablar sobre la lección, ya que siempre darán más importancia a lo que opine o le diga un igual (misma edad, inquietudes, etc.).
Llegados a esta punto, el profesor nos propuso que pensáramos en alguna actividad que cumpliera estas premisas. Después de debatirlo por parejas, se expusieron muchas actividades como:
- Proponerles ejercicios de investigación para exponer posteriormente en el aula. Se podría hacer individual o por grupos. Fomentando un poco la competición para que se esfuercen más. El tema sería aportado por nosotros, los profesores.
- Una práctica de comprensión de texto, con su posterior exposición ante todos. De esta manera pueden aprender gracias a los diferentes puntos de vista, ya que cada alumno lo comprenderá de manera diferente. No existe dos mentes que perciban y comprendan las coses de igual manera.
- Utilizar el cine como herramienta, pero siempre añadiéndole alguna actividad previo o durante el visionado, es decir, se debe hacer de manera educativa, sino no sería útil.
En conclusión, se expusieron actividades que conllevan: darle a los alumnos unas ideas previas sobre el tema a tratar, la introducción de nuevos conocimientos mediante su realización, y el fomento del trabajo cooperativo y la socialización. Se habla para aprender, es decir, el diálogo tiene mucha importancia a la hora de enseñar.
También hay que tener en cuenta la importancia de la escritura. Y no me refiero a copiar, sino a reflexionar, componer y elaborar los contenidos de lo hablado. En otras palabras, los alumnos deben leer, saber jerarquizar ideas y construirlas, es decir, que sean como historiadores.
Además, los alumnos deben autoexigirse mejorar siempre en este aspecto. Una manera fácil de conseguirlo es, por ejemplo, darles a sus padres los trabajos para que los lean, o exponer los trabajos para quién lo desee pueda acceder a ellos.
Por otro lado, para conseguir que los alumnos lleven a cabo dichas tareas correctamente, es importante también que aprendan a ayudarse de las diferentes fuentes históricas, que aprendan a investigar. Existen muchos tipos de fuentes (textuales, iconográficas, digitales, audiovisuales y sonoras), tanto primarias (que derivan de uno de los personajes que está participando en el hecho histórico) como secundarias (son una interpretación de hechos a posteriori de un suceso), y todo alumnos debería saber desenvolverse en cada una de ellas.
Finalmente, el profesor nos mandó una tarea individual para entregar. Se trata de un comentario de texto sobre el decreto de Valencia, firmado y fechado el 4 de mayo de 1814 por el rey Fernando VII.
Decreto de Valencia, Fernando VII.
“Dado que la divina Providencia por medio de la renuncia espontánea y solemne de mi augusto padre me puso en el trono de mis mayores [...] y desde aquel fausto día en que entré en la capital, en medio de las sinceras demostraciones de amor y lealtad con que el pueblo de Madrid salió a recibirme, imponiendo esta manifestación de su amor a mi real persona a las huestes francesas [...]; desde aquel día, pues, puse en mi real ánimo para responder a tan leales sentimientos y satisfacer a las grandes obligaciones en que está un Rey con sus pueblos, dedicar todo mi tiempo al desempeño de tan augustas funciones, y a reparar los males a que pudo dar ocasión la perniciosa influencia de un valido durante el reinado anterior. [...]
Pero la dura situación de las cosas y la perfidia de Buonaparte, de cuyos crueles efectos quise, pasando por Bayona, preservar a mi pueblo, apenas dieron lugar a más. Reunida allí la real familia, se cometió en toda ella, y señaladamente en mi persona, un atroz atentado [...]; y violado, en lo más alto el sagrado derecho de gentes, fui privado de mi libertad y de hecho del gobierno de mis reinos. [...]
Por tanto, habiendo oído lo que ecuánimemente me han informado personas respetables por su celo y conocimientos y lo que acerca de cuanto aquí se contiene se me ha expuesto en representaciones que de varias partes del reino se me han dirigido [...] declaro que mi real ánimo es no solamente no jurar ni acceder a dicha Constitución ni a decreto alguno de las cortes generales y extraordinarias, y de las ordinarias actualmente abiertas [...] sino a declarar aquella constitución y tales decretos nulos y de ningún valor y efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubiesen pasado jamás tales actos, y se quitasen de en medio del tiempo, y sin obligación en mis pueblos y súbditos, de cualquiera clase y condición, a cumplirlos ni guardarlos. [...]”
(Dado en Valencia, a 4 de mayo de 1814. Yo el Rey)
En él se muestra el conflicto que tiene lugar en España en el primer tercio del siglo XIX entre el absolutismo y el liberalismo. Además, significó la supresión de toda la obra legislativa aprobada en la Cortes de Cádiz de carácter liberal y la vuelta al absolutismo y otras instituciones del Antiguo Régimen.
En conclusión, me ha parecido una clase muy interesante, en especial la parte final, cuando hemos elaborado actividades para enseñar correctamente a nuestros alumnos exponiéndolas y debatiéndolas posteriormente, ya que de este modo nosotros estamos enseñándonos utilizando el mismo método que emplearemos con ellos, y es importante adquirir esa doble percepción para el profesor, ya que comprenderá mejor la respuesta del alumno ante una actividad.
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